Donald Trump ofreciendo una zanahoria a un caballo policía en Central Park, Nueva York, cuando solo era magnate en 2014.

A Trump sí le gustan, por ahora, los caballos árabes y mexicanos

Estados Unidos y México comparten la pasión por la cría del pura raza española. Los ganaderos confían en que el polémico presidente no desate lazos históricos con políticas sanitarias más estrictas que las actuales

¿Prohibirá Donald Trump la entrada a los caballos de pura raza española que los gringos de Texas y California compran a los mexicanos? ¿Negará el acceso el espectacular presidente a las yeguas de pura raza árabe que pretendan entrar en el país con nombres como Marwan Al Shaqab, Al Qahira o Majd Al Arab? La comunidad ecuestre confía en que nada cambie en el país del deporte hípico tras la salida de Barack Obama, el presidente que clausuró los mataderos ilegales de caballos, aunque pocos se atreven a asegurarlo.

Estados Unidos es actualmente el principal comprador de caballos de pura raza española en el mundo, superando el interés de México y países más cercanos como Francia y Alemania. Según los datos facilitados por la oficina del ganadero, Ancce, con sede en Sevilla, desde 2016 son más de mil (1.361) los socios estadounidenses que mantienen activas yeguadas de ejemplares con sangre andaluza. Una socia ganadera es Kimberly Boyer, la propietaria de Hampton Green Farm, donde vive retirado el olímpico Grandioso III, un castaño que nació hace diecisiete años en la finca El Zancarrón, en San Juan del Puerto, Huelva.

El auge por la cría del caballo andaluz en Estados Unidos comenzó hace más de dos décadas en los estados de Texas y California, principalmente, mucho después de que lo hiciera la raza árabe. En un primer momento, yeguas, caballos y potros se importaban desde las explotaciones andaluzas más contrastadas de Sevilla, Cádiz y Huelva, pero en los últimos años países más cercanos como México o Costa Rica -que conservan una importante reserva genética del caballo español- se han convertido en los principales proveedores equinos del país de Trump.

El procedimiento para exportar un caballo de pura raza española desde Europa a Estados Unidos o China es costoso y exigente. Una vez el comprador y el vendedor han estrechado la mano en las praderas de la ganadería, el caballo tendrá que permanecer concentrado alrededor de dos semanas en el país de origen hasta haber aprobado los análisis sanitarios obligatorios que descartan el desarrollo de enfermedades contagiosas. En ese momento, el animal puede subir al avión que lo llevará a Estados Unidos para someterse a los mismos análisis veterinarios. Quince días después estará retozando en inglés en su nuevo hogar.

Dado el desconcierto internacional desatado en los últimos días, el colectivo ganadero prefiere ser prudente en sus valoraciones pero avanza que los intereses de la raza se verían afectados negativamente si se rompen los acuerdos comerciales entre Europa y Estados Unidos, pues buena parte de los ingresos por los servicios ganaderos que ofrece el Ministerio de Agricultura a través del único libro genealógico del caballo español (cambios de titularidad, nacimientos de potros, certificado de reproductor, defunciones…) procede de los socios norteamericanos. “El mercado americano es el más importante en estos momentos. Obama no consiguió acabar un acuerdo de libre comercio con Europa y esperemos que nada cambie en la era Trump. Prohibir la entrada de nuestros caballos o de los caballos holandeses o alemanes supondría un problema para nuestros intereses, los de nuestros socios comunitarios y los de los propios norteamericanos.”, ha explicado el responsable de comercio exterior de la Ancce.

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