En el lienzo, el promotor de la Feria de Abril, José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes, montado en un caballo tordo. Junto a él y a pie, el también promotor Narciso Bonaplata, vestido de época, junto a su mujer, con falda de volantes, en la Feria de Abril de 1847.

Feria de Abril solo hubo una

Ramón Moreno de los Ríos recuerda que en la segunda edición, en 1848, el jolgorio superó al trato por una res

En el Prado de San Sebastián, en Sevilla de 1847, se concentraron 50 mil cabezas de ganado en el primer encuentro de agricultores y ganaderos organizado por la capital andaluza, con 150 mil habitantes. Por el camino del campo a la ciudad, a través del Aljarafe y las marismas, los animales avanzaban en piaras y rebaños guiados por jinetes con garrochas que arropaban mujeres, niños y perros. Detrás seguían en ruta burros cargados con comida para el ganado. Llegados a los jardines urbanos, los pastores instalaron tiendas de campaña con telones que apoyaron en carros y carretas.

Las mujeres encendían las candelas mientras las voces de bueyes, caballos y yeguas, ovejas, cabras y cochinos atraían a riadas de interesados y curiosos hasta el pintoresco evento, donde había tiendas de buñuelos, bodegones y tabernas en las que celebrar un acuerdo ganadero con vino de manzanilla, guitarra y el cante y el baile por seguiriyas de jóvenes pastoras.

El campo llegó a la ciudad y la ciudad fue al campo con agrado. «Los de la capital iban a ver y dejarse ver. El sombrero de copa y la levita se dieron la mano, como en el trato, con la chupa y el calañés, el miriñaque y la pamela con la bata y el mantón. El colorido es inimaginable», describe en el pregón Paseo de Caballos de la Feria de Sevilla el vicepresidente del Real Club de Enganches de Andalucía, Ramón Moreno de los Ríos.

Según el viaje en el tiempo estudiado por De los Ríos, había sevillanos que paraban a charlar con otros sevillanos en el camino a pie hasta el punto ganadero, otros que llegaban en coches de caballos hasta las tiendas de los propietarios. Estas, a diferencia de las improvisadas para el público, «solían ser redondas al estilo militar, rematadas incluso con gallardetes donde pondrían colores de sus divisas ganaderas», apunta el discurso.

Las tiendas para bares y buñuelos eran espaciosas para la comodidad de ganaderos, tratantes y visitantes que paseaban bajo los sombrajos donde descansaban agrupados los animales expuestos. Desde la Puerta de San Bernardo hasta la Puerta de la Carne abrieron los primeros puestos de juguetes, frutas y dulces. En este anexo se repartieron las máquinas giratorias de caballos con calesas para atracción de los más pequeños. «Era la calle del infierno. La Feria ya está montada», resume el vicepresidente del Real Club de Enganches de Andalucía.

También se organizaron ese primer año variadas actividades paralelas a la Feria y el paseo. Hubo carreras de caballos entre el Paseo de las Delicias y el Prado, corridas de toros y una exposición de potros en la plaza de toros. Calcula el estudio que 25 mil forasteros visitaron la primera edición y que entre los muchos carruajes, solo había cuatro carretelas: la del Conde del Águila, la de Tabiel de Andrade, la de Villapineda y la del alcalde y fundador de la Feria, José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes.

Los fundadores del encuentro de ganado, un militar vasco (José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes) y un empresario industrial catalán (Narciso Bonaplata y Curiol), se vistieron a la usanza popular (chupa, faja, chaleco y catite). Uno paseó la Feria sobre caballo tordo y el otro, a pie con su mujer, vestida con falda larga de volantes que quedó plasmado en un cuadro de la época.

Cuentan crónicas de diarios locales recogidas en el pregón que en la segunda edición «la feria-diversión empezó a ganarle la mano a la mercantil y ganadera y a aparecer invitados de prestigio, como la Condesa de Montijo». En el desarrollado repaso histórico redactado por el vicepresidente de la institución hípica hay fechas que marcan la transformación de la fiesta de la primavera de la capital andaluza, con cerca de 700 mil habitantes en 2016, que celebra del 4 al 11 de mayo 172 años de vida.

1860. El estilo del contrabandista, con chaqueta jerezana, marsellés y botines blancos pespunteados en verde que describió Gustavo Adolfo Bécquer empezó a decaer. El sombrero de alancha, también llamado jerezano, sevillano o cordobés, en tonos grises, redujo la presencia del sombrero catite, calañés o de queso, siempre negro. La chupa de colores vivos y con parches se convierten en chaquetillas con cuello de pico o solapa y guayaberas en tonos grises y marrones. El pantalón, alargado, abandona el botón lateral para acabar redondo y forrado en muselina. El zapato y la polaina se sustituyeron por el boto campero y en pocos años el traje de la gente del pueblo se desfiguró.

1871. El acontecimiento más destacado de esta edición fue la visita del Príncipe de Gales al Real de la Feria de Sevilla. Sin embargo, el hecho histórico más importante fueron las guarniciones caleseras elegidas para enganchar los siete caballos al imponente break en el que se paseó el Príncipe. En estos años, los arneses hechos a base de cordeles, cueros, borlas coloridas y cascabeles que solo se usaban para trabajar en el campo afianzaron su presencia en la Feria tanto como las guarniciones tradicionales inglesas o continentales llegadas a Andalucía con la corte del príncipe francés Antonio de Orleans, Duque de Montpensier.

1910. Irrumpen los primeros automóviles en el Real de la Feria, un fenómeno en aceleración durante las siguientes tres décadas. En un brevísimo espacio de tiempo, las calesas pasan de ser «uno de los más apropiados ingenios para la exhibición de magnificencia y poder a un objeto de nostalgia. La Feria es la feria de las vanidades y la ciudad rápidamente se adaptó a la modernidad de la época, disminuyendo los coches de caballos y aumentando los automóviles. Las amazonas y los jinetes a caballo se mantuvieron sobre sillas inglesas que luego evolucionaron a silla vaquera en el caso de las amazonas».

1924. Ocurre en la Feria un hecho singular. El presidente del Gobierno Miguel Primo de Rivera cambió el sentido de la circulación en el paseo de caballos. Como en Inglaterra y el resto del mundo, hasta ese año se había circulado por el carril izquierdo. Cocheros y jinetes se daban la derecha, donde llevaban el garrote, primero, y la espada, después.

1930. La Feria cambió de ubicación para volver al Prado al año siguiente. Esta vez se celebra en el sector Sur, próximo a la Exposición Universal de 1929. Solo los enganches de unos pocos aficionados resisten en una Feria que ha sido invadida por el automóvil. A la reina Victoria la invitan por primera vez al interior de una caseta. Los socios de ER77, del marqués de las Cabriolas, se vieron obligados a arrancar la barandilla de la caseta para que la jefa del Estado pudiera acceder al interior montada en el caballo. Nada más abandonar la garita, colgaron un letrero que decía: «Abastacedores de la Real Casa». Aquel año fue la última vez que Doña Victoria paseó por la Feria.

1936. Sevilla celebró la última Feria de la década en un ambiente prebélico. El presidente de la República, el sevillano Martínez Barrios, visitó esta Feria junto al presidente de la Generalidad de Cataluña, Lluís Companys, para aparentar normalidad. Durante los años de la guerra civil la Feria se suspendió y, aunque se mantuvo el encuentro ganadero, la participación fue testimonial.

1955. El Ayuntamiento prohibió el acceso al recinto ferial a los automóviles, Fiat Balilla y Citroen 11 Ligero, principalmente, que a punto estuvieron de apoderarse del paseo en los últimos años, lo cual había generado serio malestar entre los visitantes. Este mismo año, hubo una exhibición de la Escuela Española de Equitación de Viena en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, patrocinada por el Jockey Club de Jerez.

1961. Mateo, célebre maestro cochero de Yeguada Militar, dirigió a los sementales del Estado enganchados a la briska en la que se sentó Francisco Franco para ir a la Feria. El paseo se repitió en 1967, década en la que los feriantes comenzaron a ver gente exótica. O al revés. Pedro de Yugoslavia, Cristina Onassis, la princesa Soraya de Irán, los príncipes de Mónaco, Jackeline Kennedy… Continuando con la tradición en la Casa Real, los príncipes de España, Juan Carlos y Sofía, visitaron por estas fechas el evento de primavera en un break de Yeguada Militar. La Reina, vestida con falda flamenca. En todo caso, estos invitados habrían visitado las tiendas redondas de los ganaderos de 1847 pero por estas fechas, aquella Feria ya había cambiado.

1973. La Feria de Sevilla cambia de ubicación definitivamente y los caballistas perdieron la ocasión de disfrutar de los corros de los cantes flamencos bajo las sombras de abedules y acacias de los jardines del Prado. Poco a poco, el paseo de caballos se fue recuperando en las instalaciones de Los Remedios, lugar de celebración actual, y convirtiendo en un desfile admirado por el público. «Te centras en tu caballo, tu corazón en las riendas midiendo el pulso, estás en la misma calle, en la misma Feria, son sus olores, colores, sabores y música, la alegría contagiosa, la exaltación de la amistad. Es la misma».

1984. La creación del Real Club de Enganches de Andalucía y el apoyo del Ayuntamiento consiguieron recuperar la esencia del paseo de caballos y de la Feria en sí, perdida a finales de la década de los setenta, años en los que imágenes de familias en seiscientos con sombrillas de playa abiertas, la mendicidad infantil, el vandalismo y la venta ilegal de bocadillos y lechugas se apoderaron de una fiesta desvirtuada hasta el límite en el que el sevillano la bautizó de broma Feria de las Lechugas. El empleo del mayoral se pone en alza a partir de los ochenta y el nacimiento del organismo ecuestre se tradujo en el rescate de los oficios del carrocero, pintor, carpintero, tapicero, guarnicionero, herrero y farolero de carruajes. Los Soto, en Écija, Matapalo, en Córdoba, los ‘Carboneros’, en Sevilla, y José, en Carmona, lo primero que restauran son los talleres heredados. «Sevilla debe agradecer a jinetes, amazonas y propietarios de enganches que este museo viviente conservado a través del tiempo para disfrute de autóctonos y foráneos, es gracias a mucha afición y un gran esfuerzo económico. Estos mecenas han creado en Andalucía las mayores y mejores colecciones de guarniciones y carruajes del mundo, así como un importante número de puestos de trabajo», concluye Ramón Moreno de los Ríos.

Paseo de caballos de la Feria de Abril en Los Remedios. Fuente: Diario de Sevilla.

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