El ganadero sevillano y las yeguas de La Cascajera, descendientes de la genética de Yeguada Militar. (Fotos: Miguel Ángel González/Grupo Joly)

Rafael Ybarra: “Nuestro caballo árabe es el de siempre, nada exótico”

El criador sevillano revela el secreto del éxito de Yeguada Ybarra (1917), la ganadería que acabó convertida en el principal proveedor genético de su proveedor, la Yeguada Militar

En la libreta ganadera de José María Ybarra Gómez-Rull (Sevilla, 1880), forrada en piel y lomo de plata, todavía hay sangre fresca. Las de Wan Dyck y Korosko riegan el árbol genealógico de las 15 yeguas fundacionales compradas en 1917 a la Yeguada Militar en un lote de excedentes. El tordo Wan Dyck era un ejemplar fogoso que llegó a España desde Polonia en 1908 con la expedición movilizada por la Casa Real de España para mejorar el escuadrón de caballería del ejército de Alfonso XIII, ‘El Africano’. En las caballerizas reales conoció al ruso Ursus y a Seanderich, un semental recién llegado del desierto de Arabia con el que creó la bicefalia de la estirpe árabe española, el puro español o pure spanish, “el más inteligente, amable y veloz de los caballos árabes del mundo”, dicen quienes le conocen. El criador Rafael Ybarra Cólogan, 33, aprende a conocerlos y le ha tocado celebrar el centenario del hierro familiar que ha marcado la historia de las más pequeñas y grandes yeguadas nacionales, incluida la estatal, el primer proveedor.

Más sangre se esparce en el cuaderno. En la página amarillenta de la letra C se lee Congo, un nombre demasiado exótico para un sevillano. El tordo lo superó todo. Nacido en 1941 el fabuloso cortijo donde se molían parte de las aceitunas de Hijos de Ybarra, acabó vendido a los militares en 1945 con la cláusula de seguir padreando en el acebuchal de Isla Menor, Sevilla, hasta 1949. En esos años un ciudadano norteamericano ofreció por él 500 mil pesetas, un precio que hoy se llamaría pelotazo. Cuando Yeguada Militar consultó la oferta, José María Ybarra contestó: “Esa no es cantidad relevante para una institución tan grande”. Zanjado el asunto, en 1950 el tordo ya era el caballo más influyente de la raza, no solo en España sino en la crianza mundial, a través de hijas como Somalia, Ucrania, Uganda o Dakar. A ninguna la probaron, como era habitual en la época, así es que no se pudo contrastar si fueron más veloces que su padre, imbatido en las pistas de carreras.

La loca visión de José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes -el primer Ybarra que se instaló en Sevilla, inventor de la Feria de Abril junto a Narciso Bonaplata- fue heredada por su hijo Luis, su nieto José María, su bisnieto Luis y los siguientes y consistía en plantear la crianza del caballo basada en la conservación del prototipo equino conseguido: caballos expresivos, con raza y transmisión. Fuertes como lo era Alfange, un caballo pequeño que sin embargo alumbró grandezas. “De él salió lo mejor de la casa, como Gomara, madre de Gandhy”.

A Malvito no lo quisieron en el Cortijo de Vicos por feo y lo descartaron. Al astuto de José María Ybarra le encantó el caballo y lo eligió, y él, a cambio, lo gratificó mejorando los pilares de esta y de otras ganaderías. Los militares cambiaron de opinión cuando conocieron a las hijas y recuperaron la sangre del castaño, un corto y basto hijo del gran Gandhy. Los 100 años de historia del hierro andaluz más influyente de todos los tiempos resisten en la genética de 24 yeguas y 10 caballos que eligen y seleccionan en la familia, ganaderos continuistas punto cero.

A mí me parece un desafío colosal superar en 2017 lo que han hecho sus antepasados con el caballo árabe español desde 1917. Sí, lo es, por eso creemos que el acierto es respetar los orígenes de la yeguada, mantener el prototipo de caballo como lo han hecho mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo. Conservar el modelo tradicional, que es el que agrandó la marca. Muchos ganaderos nos preguntan por qué no introducimos líneas que están de moda, con caras más exageradas que llaman a las emociones, y siempre decimos los mismo: no cambiamos lo que funciona. El caballo árabe español no es exótico, es el que siempre ha existido.

No hacer nada, ¿esa es la estrategia para triunfar? No variar el modelo de caballo, continuar criando un árabe con raza y transmisión, lo tradicional.

¿Y cómo se compite en el nuevo siglo con otros ganaderos que surgen y brillan con el ganado que no quiere Ybarra? Participando en los concursos de belleza y funcionalidad y con las nuevas tecnologías, que nos están dando muy buenos resultados. Nos ha sorprendido la respuesta del mundo del caballo desde que creamos la web y el perfil en Facebook y en Instagram. Hay gente que nos ha escrito diciéndonos que tiene un hijo de un caballo nuestro y que es una maravilla. Nos dan la enhorabuena. Ha sido una respuesta masiva después de haber pasado años sin promoción, lo que nos lleva a concluir que nuestra base ganadera es buena. El hierro sigue teniendo mucho nombre y hay que ser fiel a él.

Con publicidad. Los apellidos ecuestres andaluces más destacados han sido reacios a invertir en imagen. ¿Temen perderla? No, la imagen no la vamos a perder. No vamos a morir pero creemos que si nos modernizamos y optimizamos el marketing digital llegaremos a más interesados y podremos dar a conocer mejor nuestros caballos. Ese es el gran desafío.

Yeguas y potros del hierro sevillano saliendo al patio del cortijo La Casacajera el pasado martes.
Yeguas y potros del hierro andaluz saliendo al patio del cortijo el pasado martes.

Una legión de moscas ataca durante el día y otra de mosquitos arroceros lo hace al anochecer poniendo a prueba el aguante de sus caballos, ¿no son demasiado exigentes con el carácter y la calidad? Estamos en lo que se conoce como precoto de Doñana. Este clima es así; aquí al lado están los arrozales que no se ven porque estamos en la única mancha arbóera que queda en el entorno de Isla Menor. Está catalogado como espacio protegido y los caballos han aprendido a vivir aquí. Se han hecho rústicos, se defienden bien de los ataques. Solo hubo una línea más sensible, la de un semental que se importó de Alemania. Parece normal.

Hablando de campo, ¿se avecina una sequía? No es descartable. Ha llovido poco y, aunque aquí hay humedad en el subsuelo, la vegetación también necesita agua por arriba para hacer bien la fotosíntesis. Calores como este hemos tenido otras temporadas, desde luego no es algo aislado.

Entonces este infierno no es el principio de un final abrasador que cambiará el clima. Esperemos que no. Puede que sea el inicio de un periodo de sequía, propio de nuestro clima cíclico. Los camperos recuerdan la sequía de finales de los años ochenta que duró hasta 1995. El 11 de noviembre de ese año cayeron 75 litros por metro cuadrado y no paró de llover hasta mayo. Se registraron más de mil litros. Este año han caído 300 en un entorno con una media de 500 litros al año.

Si nos comparamos con sus rústicas y austeras yeguas, ¿cree que los seres humanos vivimos demasiado obsesionados con el asfalto y el consumo? ¡Esa pregunta se la debería hacer a mi mujer! A mí me encantaría vivir en el campo; yo necesito muy poco para estar bien, en una aldea sería feliz. Acabo de volver del norte y he visto que hay pueblos pequeños deshabitados. Penoso. Entiendo que en la ciudad hay de todo y es cómoda pero vivir alejado relaja y enseña.

¿Y qué se aprende? A no malgastar los recursos, por ejemplo. Las personas derrochamos más que los animales.

En este hábitat también se discutirá menos… Mi bisabuelo lo hacía con algún colega pero sobre caballos árabes y en un sentido literal de la palabra. Cuenta la familia que con el Duque de Veragua, otro destacado ganadero del siglo XX, debatían sobre cuál era el mejor semental: Aljún o Razada. Nunca se pusieron de acuerdo. Aljún no era un caballo bonito pero fue un padre ejemplar. Ybarra usó los dos pero Veragua declinó.

Dicen que ahora hay que ser más selectivo en la crianza, criar menos pero excelente. Díganos, ¿cómo se distingue entre un nueve y medio y un diez en un recién nacido? Hay que observar las regiones importantes, como el cuello, los aplomos y el tamaño, y compararlo con los hermanos para saber si la madre es buena o muy buena. Antes no había tantos caballos y era más fácil vender. Ahora criamos menos caballos porque somos más ganaderos, por eso la elección es la clave para que la crianza siga siendo una tradición.

¿Son sus caballos los mejores de España? Si se define el caballo árabe español como el de las importaciones que se hicieron en los inicios, sí, el nivel es muy elevado. Son matices lo que determina si un caballo es excelente pero, en general, hablamos de grandes ejemplares. La yeguada ha sido la más influyente en España y sigue siendo garantía de pureza, nobleza y tradicion.

Caballo árabe, humillar al enemigo

Según la leyenda de Mesopotamia, los hechos ocurrieron así. Un día, Alá le dijo al viento: “Conviértete en carne para hacer de ti la criatura que humille a mis enemigos”. El viento sopló hasta que se hizo un caballo y le dijo: “Te doy el poder de volar sin alas, ya sea en ataque o en la retirada. Aprende a vivir sin agua en el desierto. ¡Sacrifícate! Porque del viento vienes y viento debes ser en la carrera”. El profeta Mahoma entró en La Meca a lomos de Lazlos cuando sus fieles tomaron la ciudad, por eso el Corán recuerda que “el diablo nunca osará entrar en una tienda habitada por un caballo árabe”. Y según la historia, el caballo árabe procede de aquellas manadas que consiguieron cruzar el itsmo de Bering huyendo de América en su expansión por Asia y Europa. Así lograría llegar a la planicie que se extiende entre el Tigris y el Eúfrates para acabar poblando los cinco continentes. En Europa, el caballo árabe sigue siendo una de las mejores opcionea para mejorar otras razas y a esa tarea se han sumado yeguas de Ybarra como Jayapura y Caledonia y sementales como Maquillo, Corinto y Tetuán y más actuales como Vigía, Castropol o el campeón de campeones de Jerez, Surimán, que humilló a todos sus rivales.

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