Atención, jinete: 76 vehículos han chocado contra caballos sueltos desde que empezó 2017

Los 327 siniestros con animales desorientados totalizados en 2016 por la DGT dejaron tres víctimas mortales y medio centenar de hospitalizados. También murieron caballos. ¿De quién es la culpa? “En todo caso, del propietario”, avisa Fernando Acedo, el abogado ecuestre

Tres personas murieron en 2016 y otras 48 fueron hospitalizadas después de impactar los vehículos en los que circulaban con caballos que marchaban tranquilos y sueltos por carreteras nacionales en los 327 siniestros de estas características registrados por la Dirección General de Tráfico. En lo que va de año, ya son 12 las víctimas que han resultado heridas en los 76 impactos con animales despistados totalizados hasta el 1 de abril, la mayoría de ellos ocurridos en carreteras alternativas a las autovías y autopistas, que están protegidas con vallados de seguridad. El más reciente y espectacular lo ha narrado otra vez la Feria de Abril después de que un tronco se desbocara para acabar empotrado en la farola de una avenida urbana. El letrado hípico Fernando Acedo Lluch recomienda a los propietarios de caballos contratar uno de los seguros de responsabilidad civil que ofrecen los comparadores digitales desde 60 euros al año o inscribir al caballo en la federación hípica territorial, que viene a costar lo mismo. Compensar la muerte de una persona cuesta 120 mil euros. Indemnizar una tetraplejia por accidente de tráfico, 250 mil euros o más. “Hay casos de ganaderos que han tenido que vender la finca para poder compensar a la víctima”, apunta.

La responsabilidad

En el Código Civil solo hay dos supuestos en los que el culpable se conoce de antemano: los accidentes nucleares y los accidentes con animales sueltos: “En principio y en todo caso, es el propietario. No hace falta demostrarlo; son las dos únicas situaciones en las que la ley establece una responsabilidad objetiva”. Por responsabilidad, la ley entiende compensación económica, que con toda probabilidad recaerá en el titular de la documentación que identifica al caballo. La multa variará en función de los daños y el juez calculará el importe con criterios matemáticos establecidos por la jurisprudencia. No es lo mismo pagar una muerte que una parálisis, lo dice Acedo: “El importe lo marca una tabla en la que está valorado hasta un dedo de la mano. La persona que queda tetrapléjica pierde toda capacidad de ganarse la vida. Es lo que se conoce como lucro cesante y hay que sumarlo a la indemización básica y al coste de las obras de adaptación de la vivienda del accidentado a la situación de movilidad resultante”.

En una situación similar se encontró hace años un ganadero y bodeguero de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), al que un juez condenó a indemnizar con 70 millones de pesetas (unos 420 mil euros) al ocupante de un vehículo que quedó completamente paralizado después de impactar el vehículo contra un caballo de su propiedad que paseaba desorientado por una carretera comarcal. El criador tuvo que vender la finca. No es una excepción para el abogado. “En Écija hubo otro episodio en el que el propietario del caballo fue condenado a compensar con 120 mil euros a los familiares de un fallecido”.

¿Por qué se escapa un caballo?

Son varios los motivos. La falta de seguridad en los cercados, la caída del jinete e incluso la necesidad de comer y beber pueden llevar a un caballo a buscar la supervivencia fuera de su territorio y puede hacerlo solo o en grupo. La mayoría de los accidentes registrados han ocurrido de noche, cuando la visibilidad en las carreteras secundarias se limita, y la reconstrucción de los hechos suele ser siempre la misma: un conductor que circula de noche a una velocidad máxima permitida de 90 kilómetros por hora cuando, sin margen de maniobra, se encuentra de frente con un caballo que carece de protecciones reflectantes. Los 450 kilos de carne acaban incrustados en la carrocería.

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