Los mejores caballos de deporte se miden en Dehesa Montenmedio hasta el próximo 19 de marzo.

El increíble caballo normal

Los 1.700 ejemplares de elite que compiten en el Circuito Hípico del Sol (Vejer) se seleccionan por el pedigrí, el físico y el carácter. El 20 por ciento acabará vendido por tratantes profesionales entre los 60 mil y los 2 millones de euros     

Al imponente Moonface le gustan las zanahorias lo mismo que a la manejable jaca Pantoja. También los paseos al sol, revolcarse en barro, relajar el labio inferior o cagar sobre raigrás. Y que le rasquen y cepillen con frecuencia. La yegua cruzada apta para paseos y romerías que vive en El Soto (Vejer) disfruta a diario de su condición animal mientras que el sangre belga castaño -engendrado y entrenado para saltar como las pulgas, con corazón y soltura- vivirá como un futbolista galáctico si en estas cinco semanas no se raja delante de los muros falsos de 150 centímetros de vertical en la pretemporada mundial de salto en Dehesa Montenmedio.

Ayer no lo hizo y fue tercero en su categoría. El británico es uno de los casi 500 ejemplares que están participando en el ciclo de caballos jóvenes (5, 6 y 7 años) del Circuito Hípico del Sol, otros 1.200 caballos adultos correrán a partir del viernes en las pruebas de gran premio del small tour y big tour. El comité organizador, presidido por el gaditano Antonio Blázquez, va a repartir en premios más de un millón de euros en las próximas cinco semanas de ruta deportiva entre los cientos de jinetes y criadores de Europa, Asia y América. Calderilla. El negocio está en los establos en los que jinetes y entrenadores, propietarios adinerados y tratantes del siglo XXI obtendrán un generoso rédito de la venta de un bólido del salto: “El Circuito es el mayor escaparate para el caballo de deporte, el mercado de invierno, donde se hacen los grandes fichajes. Todos los años se mueve alrededor del veinte por ciento de los participantes. Un caballo joven puede ser una gran inversión, puedes ganar más dinero que en la bolsa”. Luis Astolfi lleva años apostando en corto por la sangre caliente de Bélgica, Francia, Holanda y Alemania, los países que fabrican los mejores prototipos.

Un perro y un caballo de salto descansando en los establos de Dehesa Montenmedio.
Un perro y un caballo de salto descansando en los establos de Dehesa Montenmedio. (Night Photography)

Codar (1998) era un melón por calar cuando el sevillano se subió encima. El potro llegó a España en la barriga de Rabbela Z (una hija del súper caballo Darco) y su nacimiento fue un acontecimiento esperado para Astolfi y su colega Luis Estrada: “Tenía condición de saltador desde que era un potrito, espaldas oblicuas, cuello largo y grupa poderosa. Con tres años probamos el carácter delante del salto y decidimos esperar a que fuera adulto para venderlo”. En 2008, Alexander Onischenko se interesó por el castaño después de su actuación en la prueba grande de Montenmedio y ese mismo año participó en los Juegos Olímpicos de Hong Kong con los colores de Ucrania. Invertir en Codar costó unos mil euros al año, el precio del caballo no se revela pero el gran belga Kannan -que acabó siendo mejor deportista que semental- lo compraron los Hecart en Vejer por 2,5 millones de euros. “La venta de Codar ha sido la mejor operación que he hecho en la vida. Soy disfrutón ganando e intento no sufrir cuando pierdo”.

El talento de un caballo de elite se descubre en las pistas de hierba y arena. Iñaki Álvarez Gaviria diseña los trazados más exigentes del deporte hípico y lo hace en función de tres variables: el baremo de la prueba, el número de participantes y la dotación económica del premio. “Tiene que resolver el recorrido con brillantez y rapidez para poder estar entre los mejores clasificados de una prueba invitational“. Eso significa completar en menos de un minuto una carrera de catorce saltos de 150 centímetros de alto y ancho sin apenas penalizar por tiempo o derribo. Muchos son capaces de hacerlo si las combinaciones son sencillas. Por estos pagarán los inversores entre 60 y 800 mil euros, según la edad y el pedigrí del potranco. Una decena destacará en las enrevesadas alineaciones de oxer-vertical-oxer en tres pasos de galope que propone Iñaki. Este grupo se reserva a caprichosos dispuestos a apostar con cifras millonarias. “Los jinetes tienen en el Circuito todas las alturas del mundo y las dificultades posibles para poder exhibir y mejorar la calidad de sus caballos, respetando las jornadas de descanso para que las lesiones no acaben con la carrera antes de tiempo”. Antes de que la vida deportiva (y el precio) del ejemplar dibuje la curva decadente.

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *