Fotograma del vídeo de Paco Jiménez avistando grullas hace unos días en el cortijo La Haba, junto a la laguna de La Janda, en Tahivilla. Vídeo: B. Benjumeda.

Los pájaros que veía Paco de Tahivilla han volado

Recorremos la laguna de La Janda con el primer avistador local cincuenta años después del desagüe del humedal más relevante de España

El día que murió Jorge la desecada laguna de La Janda contuvo el último suspiro. El grupo residual de avutardas autóctonas comenzó a desaparecer hace años coincidiendo con maniobras militares de las que llovieron hombres en las campiñas cercanas a la sierra del Retín. Un par de parejas abandonó el nido tras la rareza meteorológica y nunca más volvió. El resto fue cayendo en vuelo tras chocar con los tendidos eléctricos que rodean la carretera N340. El último ejemplar, de al menos 16 años, vivió un par más sin compañía antes de electrocutarse cerca de la plaza de Tahivilla y desde entonces Paco Jiménez ‘Recovero’ (75), el primer guía ornitólogo de la comarca, no ha vuelto a ver avutardas en la zona. Tiene una teoría: “Se ha perdido del todo desde que soltaron paracaidistas militares por varias fincas. Cogieron muchísimo miedo y se fueron. Al cabo de seis o siete años volví a ver tres o cinco, más no había, y a partir de ahí, cada vez menos. La agricultura ocupa mucho territorio y ahora hay tractores, líquidos químicos y ruidos que las espantan. Necesitan al menos quinientos metros de seguridad porque viven en el suelo; a menos no te esperan, se van. La siega también perjudica a la especie porque coincide con la época de cría. Hace más de diez años montaron un tendido eléctrico aquí detrás de la Iglesia y ahí se mató el último. Era un macho no muy grande que hacía su espectáculo con el plumaje”.

La avutarda Jorge, el último ejemplar de la especie que se vio en Tahivilla murió en 2006 electrocutado en los cables de alta tensión.
La avutarda Jorge, el último ejemplar de la especie que se vio en Tahivilla, junto a la laguna de La Janda, murió en 2006 electrocutado en los cables de alta tensión.

En primavera de 1968 este taxista local recogió en el aeropuerto de Sevilla al primer “pajarero” británico. Paco no sabía absolutamente nada de aves acuáticas coloniales pero sabía dónde se alojaban todas antes o después de cruzar el Estrecho; guardaba conocimientos de pájaros locales más rústicas como sisones, trigueros, perdices y perdigones porque su vida, como la de la mayoría de jóvenes de esta pedanía tarifeña, había sido la agricultura hasta que se hizo collera con una vecina. Juntos pusieron una tienda y un taxi en el centro de la plaza para dar servicios a la parroquia y el negocio comenzó a volar. “Yo sabía que los pájaros paraban aquí porque coincidía con la siembra del cereal en la finca que teníamos arrendada junto a la colada que separa la laguna, detrás del cortijo La Haba. Entre los ranos y los patos hacían un ruido escandaloso. El agua llegaba a las faldas de Facinas, Vejer y Benalup y la laguna mantenía unidos a los tres pueblos. Había tanta que parecía un mar con islotes de carrizos, paja castañuela y bayuncos. A veces los caballos se quedaban aislados y había que llevarles los paquetes de heno en barca para que pudieran comer. Se llenaba al máximo. Yo lo he visto muchas veces, incluso después de canalizarse, y tú lo verás también si vuelve a llover como entonces. Muchos años tuve que nadar con el caballo para llegar a las tierras porque el camino estaba bajo el agua. En 1965 cambié al taxi y a los tres años contactó conmigo el propietario británico del hotel Cortijo de la Plata, en Zahara de los Atunes, que fue el primero en traer grupos grandes de pajareros. Hacían falta tres coches y en el pueblo solo estaba el mío. Después uno se compró un 600 pero por esas fechas, el taxi nada más. Venían todos muy preparados, con cámara, primáticos, libros y cuaderno y no paraban de apuntar. En Londres veían los pájaros que llegaban allí pero si querían ver los que llegaban a Finlandia, Suecia o Alemania tenían que venir aquí. Eso era así”, razona.

 

De la laguna de La Janda al Guadalquivir

Y se establecieron diez rutas de avistamientos. En Sanlúcar, hacia Bonanza y las salinas de San Carlos, los ornitólogos observaban la diversidad de vida desplazada de la desaguada laguna jandeña en excursiones que duraban ocho horas de luz. “Una mina de flamencos, espátulas, cigüeñas y otros pájaros que también buscaban y apuntaban en el itinerario de Ronda, Bolonia, Castellar-Palmones, Los Caños-Vejer y la laguna de Medina”, rememora Jiménez. Allí donde había agua dulce había pájaros.

Ya en esta época las ventas y restaurantes de la comarca servían comidas cinegéticas de interés pero la competitiva gastronomía autóctona no conseguía desviar el olfato de los turistas, que preferían ver pájaros vivos. “Siempre llevaban el picnic, decían. A mi me gustaba comer en una venta un guiso o unos huevos fritos con chorizo. Alguna vez llevaba un bocadillo y le metía queso o jamón; comíamos rápido y seguíamos. No querían perder el tiempo y café tampoco. Solo té, mucho té. Mira que toman té los ingleses. El otro chófer que venía conmigo era Antonio Mota, de Zahara de los Atunes, cuando solo tenía el ventorrillo. Después acabó alojándolos en su hotel”.

Durante las primaveras y los otoños de las décadas de los setenta y los ochenta el turismo ornitológico se multiplicó coincidiendo con el aumento de oferta hotelera en las playas del Estrecho. Los avistadores iban estrenando los hoteles que se disperaban desde Vejer a Tarifa a medida que los abandonaban por el aumento del turismo de sol y playa que encarecían los precios: “Los primeros huéspedes del hotel Dos Mares fueron ornitólogos que llevaba yo en el taxi. Pero llegaron los alemanes con esas tablas (windsurf) y empezaron a subir el precio de las habitaciones. Eran los años setenta”.

Casi todos los pájaros que sobrevivieron al drenaje también han volado. En el recuento que recoge la Asociación Amigos de la Laguna de La Janda había censadas 1.483 grullas en el año 2003. En 2013 quedaban 741 individuos de la especie endémica que decora las cuevas rupestres gaditanas. El pasado lunes un bando volaba en formación sobre el mar de agua dulce convertido en cereal. Paco lo estuvo siguiendo desde lo alto de un cerro con los prismáticos que le regaló una doctora británica que miraba especies en 1972: “Hasta entonces no había visto pájaros de cerca. Y ahora cada vez veo menos. Los he dejado de ver a casi todos, aunque este año se ven muchas grullas comiendo cerca de los cultivos. Los de colores, como la oropéndola, el abejaruco y la carraca, pasaban por aquí, no se quedaban. Pero es que ya no los veo. Ay que ver… Recuerdo al alzacola. ¡Qué barbaridad, qué manera de mover la cola tenía ese pájaro! No paraba. ¿Y los patos? Mira que había patos, pero tampoco los veo. Alguno habrá por los arrozales pero lo de antes no lo he vuelto a ver. Los planeadores, lo mismo. Hay buitres, pero ¿de qué viven? Ahora se permite dejar a la vaca muerta en el campo pero las vacas no se mueren. El alimoche, otro que he llegado a ver en grupos grandes. No veo ni uno. El quebrantahuesos era un pájaro tan grande que lo veía sin prismáticos y a partir de que me los regalaron dejé de verlos. Dicen que están en el Pirineo y en Cazorla… Aquí ya no hay. ¿Y el cuervo y la grajilla? ¿Te quieres creer que ahora estoy recordando que no los veo? En Vejer y Arcos criaban muchísimos cuervos. Había que tener mucho cuidado en el campo porque eran unos sin vergüenzas que robaban las semillas. Me gustaba observar el halcón abejero, que vuela en grupo y van mirando, y a la cigüeña blanca, que volaban en bandos de cientos. Una vez fui detrás de ellas en el taxi hasta Tarifa para verlas cruzar el Estrecho. Fue fácil porque iban junto a la carretera y yo iba al mismo ritmo”.

Paco no ha perdido la ilusión de ver pájaros en el humedal, aunque la solución parece complicada. “Si les taparan los túneles, la laguna se llenaría enseguida. Qué buenos recuerdos… Dejé el taxi en 1996 pero me gustaría volver a empezar”.

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2 comentarios sobre “Los pájaros que veía Paco de Tahivilla han volado

  • el febrero 25, 2018 a las 15:08
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    El psoe andaluz heredó de la administracion franquista la desecación de la Janda y la Rivera de los Molinos.
    40 años después, sería interminable la lista de especies extinguidas de toda clase de fauna y flora.
    El psoe sigue mandando y no ha corregido en lo más mínimo aquella ignominiosa herencia.
    En el mismo Tarifa ha gobernado solo y junto a iu, andalucistas y ecologistas la mayor parte del tiempo, pero solo se han dedicado a “sus labores”.
    Yo pienso que esta asociación, a la cual pertenezco, debería plantearse la posibilidad de llevar a cabo acciones contundentes con la intención de que nuestra demanda sea conocida en España y el mundo entero, habida cuenta de que la laguna de La Janda fue y es, en términos ecológicos, uno de los humedales más importantes del mundo.
    Saludos cordiales atodos los consocios.
    JJSeñor.

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  • el mayo 19, 2018 a las 09:43
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    RECUERDO QUE ALLÁ POR LA DECADA DE 1.950, EN MIS TIEMPOS DE ESTUDIANTE, CUANDO SE APRENDIA LAS LAGUNAS DE ESPAÑA, SE MENCIONABAN: LA JANDA- EN CADIZ, ANTICOLA-EN ORENSE ETC., LASTIMA QUE NO SE REGENEREN HOY DIA, SERIA OTRO ATRACTIVO TURISTICO, COMO DOÑANA Y DARIA VIDA A LOS PUEBLOS DE ALREDEDOR.-

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